Curvas peligrosas

Curvas… Las formas curvas son generalmente atractivas. Hay curvas hermosas en el ecuador de las mujeres, en las carreteras, en guitarras y violines, y en otros tantos sitios al tacto del iris.

Mas, como muchos saben, las esencias quedan vedadas a simple vista, parecido a las raíces que sostienen troncos, ramas, flores, frutos… vida, sin recibir los elogios poéticos con que las pupilas colman al reino verde.

Entonces, en el cosmos de lo menos evidente, hay curvas. Curvas tremendas llenas de bien y mal, como casi todo en este planeta. Curvas en el amor, que suben y bajan, y desconciertan al mundo; curvas en la voz, que calientan o enfrían el espacio; curvas en el viento, que traen la lluvia o la miseria; curvas en el salario, en el ánimo, en las reuniones…

Pero desde hace años unas curvas peligrosas compiten por triunfar entre las dañinas, y es que las curvas que le dan a la Justicia al norte de Cuba tienen asoradas aun a las estatuas de las balanzas.

¡Y mira que la señora de la espada es insistente! Pero hasta la destreza justiciera es evadida por los zig zags de los jueces que cada vez son mayores y más proporcionales a los dineros, que pagan la matanza de palomas fuera de casa y la crianza de serpientes, dentro.

No obstante, y a tenor a las muchas curvas de la vida, me pregunto: ¿Y si de pronto la Justicia se quita la venda de los ojos y pierde la paciencia en su mano derecha?


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