Lluvia

Abril preñó de lluvias estos días en Camagüey. Mis amigos de Facebook y los amigos de mis amigos comentaron mis fotos sobre los baños y juegos bajo las nubes llorosas.

Ver la lluvia o sentirla es un relajante del alma muy efectivo. Abrir las ventanas de la casa y ver cómo corretea el agua por las calles, cómo se agrupa en los baches, cómo se escabullen las gallinas del patio o los gorriones en los techos de las vetustas casonas… Es un espectáculo tranquilizador.

¡Pero qué encanto la caricia del agua del cielo en cada poro, qué delicia el juego, el abrazo, el beso bajo las nubes derramadas!

Hasta después del agua todo genera sonrisas como el observar las goticas colgadas en el cordel para tender la ropa.

La lluvia es, sin dudas, vida… Y no hay nada como bañarse en un aguacero apacible y duradero.

Y este pudiera ser un final poético y el post me pudiera quedar medio bucólico y solo tierno si no fuera porque ayer, mientras llovía, recordé los ranchitos de paredes de madera, pero sin tablas, de techo improvisado con zinc y algunas tejas, y de piso de tierra que vi hace unos días en un reparto periférico. ¿Cómo pasa el agua la gente de allí? ¿Qué significa una nube negra para ellos?

La vida tiene contrastes terribles.

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