Maestro

Maestro educarInstruir puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo”, aseveró hace siglos José de la Luz y Caballero, mientras la Razón le dictaba claro.

A la vuelta de los años aún muchas aulas no sido testigos de cómo la luz de un maestro crea, día a día, el hombre nuevo. Profesores van y vienen, instructores todos, pero el evangelio queda; su huella es imperecedera.

Los regalos por esta fecha se asoman abundantes en los pasillos escolares, y allí va el chasco: hay profes que comparan cuantías, otros marcan favoritos en correspondencia con los obsequios, así, mostrando toda la sombra de adentro. Por suerte, como dijo otro maestro: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.

Mirtha Álvarez, Roberto Laguna y Raúl Lombana fueron tres de los que trazaron sendas luminosas desde mi niñez hasta ahora. El gusto por las letras y la excelencia en la primaria, la exquisitez y la búsqueda de esencias en la adolescencia, el examen minucioso y el cuestionamiento del ser en la juventud temprana… Cuántas horas de estudio, cuánta alma entregada, cuánto beneficio recibido solo por ser estudiante.

¡Qué fortuna hallar un guía de Luz en el gris de estos tiempos!

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