Comida criolla

Comida criolla Cuba¡Un médico trabajando en un paladar, es el colmo! Esto está hundío”, concluye el muchacho sentado en la mesa más cercana, vestido con lo que le mandan de afuera, comiendo congrí con empellas y tomando cerveza con los envíos del extranjero.

Mis ahorros de tres meses se van en este arroz con pollo y mayonesa, viandas, ensalada de tomate, jugos naturales, y sé frente a este desequilibro monetario que el mundo todo parece hundirse. Lo demuestran los recortes sociales en el “viejo continente”, los desempleos en la primera economía mundial, los desastres climáticos en todo el orbe, este calor en diciembre, este muchacho que a menos de un metro enjuicia desde su ignorancia un sistema que no comprende, que se seca el sudor con un pañuelo sin saber de qué está hecho o cuánto cuesta hacerlo, o que el dueño del paladar es ese médico, amigo mío, que invirtió su dinero después de su misión internacionalista, ese pediatra que a lo mejor cualquier día de consulta o de salón de operaciones atenderá sin colmo alguno a sus hijos.

¡Qué ricos son los platillos del alma! Sirven para que, en momentos como este, uno pueda acompañar los manjares con exquisiteces verbales, esas que hacen mejor esta comida criolla cerca del fin de año.

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