Ropa reciclada

Ropa usadaLos cubanos, bloqueados por los Estados Unidos, nos vestimos como podemos. Los menos con ropa traída desde el extranjero, a otros les abunda en el closet las piezas adquiridas en las “fuera de moda” tiendas de recaudación de divisas (TRD), los más nutrimos nuestro ropero con las famosas ropas recicladas, como llamamos en Cuba a las ropas usadas, compradas o donadas en el extranjero.

En busca de pantalones para el trabajo llegué a tres tiendas del centro histórico de la ciudad de Camagüey.

La primera estaba cerrada por fumigación, eran las tres de la tarde.

En la segunda me dijeron que la muchacha que vende en esa área está para una feria, así que ni siquiera podía entrar a mirar nada en las perchas. Tampoco me dieron muchas ganas de seguir en aquel sitio después de todos aquellos nones y miradas torcidas de la dependiente que interrumpió su risotada con una amiga para gruñirme aquellas explicaciones.

A la tercera tienda llegué por la recomendación de un colega. “Allí hace poco que sacaron ropa” me dijo. Pero tampoco pude ni acercarme a los percheros porque quien vendía en esa área ya se había ido y la joven dependiente que, con amabilidad, me hablaba no podía atenderme pues esa no era su área y si de allí se perdía algo o sucedía cualquier otra cosa lo tenía que pagar ella. En la parte de atrás otros empleados conversaban. Eran cerca de las cuatro de la tarde y la desidia me seguía dejando sin pantalones.

Solo al otro día y en Vertientes, lejos del mayor centro comercial de la provincia, una dependiente me mostraba con sumo interés los pantalones de hombre de buena tela y no tan usados.

Gana el mismo salario, trabaja con el mismo Estado, vive en la misma provincia, pero esta mujer no se parecíe en nada a las de las tiendas de ayer”, pensé y le devolví la sonrisa y un por nada ante su agradecimiento.

Solo un día después confirmé que todavía hay quien se enfrenta con ánimo a la incompetencia de muchos. Lástima que sea un día después y lejos de donde debe estar la mejor atención, que pude comprarme un pantalón para venir hasta aquí a escribir estas líneas de denuncia y esperanza no solo en aras de mejores pantalones, sino, y sobre todo, mejores tratos.

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