Rayo de luz

cartacubaEn el periódico Adelante hace unos días leí sobre cómo la lejanía de las costas y otras circunstancias del clima favorecen la incidencia de tormentas eléctricas en la ciudad de Camagüey.

Esa era noticia interesante y, hasta con cierta carga de beneplácito, para alguien como yo, que me encanta ver los relámpagos recorrer el cielo como verdaderas venas preñadas de luz.

Pero recordé ante aquella página a mi madre pidiéndome cuando era niño levantar los pies o venir para la cama mientras los truenos dejaban su ronquido por segundos, que a ella le parecían horas de tortura.

Ante aquella luz celestial pensé en un amigo de la Universidad que se envolvía bajo las sábanas como un tabaco y no dejaba su postura en la litera hasta que no acabaran los rayos.

A la mente, que me fascina siempre con sus extraños procederes, se me trepó el recuerdo del vuelo del tocororo, comparado en algún libro de la enseñanza primaria con un relámpago multicolor.

Sin embargo, más maravilloso que los tocororos e incluso que algunos relámpagos me pareció la imagen viva de un cartacuba que solo se quedaba quieto por ratos en aquella barranca de un río medio seco de Florida, al oeste de Camagüey.

Un rayo de luz, eso me pareció aquella ave diminuta de vuelo eléctrico y tronado.

Un ave de luz”, pensé ante aquella publicación. Otra de las maravillas de esta isla mía, donde los rayos del cielo prefieren alumbrarnos tal vez un poco más a menudo a los camagüeyanos, quienes al igual que todos en Cuba también podemos disfrutar de rayos de luz en tierra como las hermosas cartacubas.

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7 respuestas a Rayo de luz

  1. En el primer aniversario del 11 de septiembre, los reflectores ubicados donde una vez estuvieron las torres gemelas, enviaron rayos de luz hacia los cielos de Nueva York. Esas luces ayudaron a disipar las tinieblas de la tristeza que todavía sentimos. Y esas luces también destacaron la firmeza y la determinación del espíritu estadounidense, el espíritu que –a pesar de todos nuestros defectos y limitaciones como pueblo y como nación– todavía evoca el optimismo, la confianza, la bondad de aquella imagen de Ronald Reagan sobre los Estados Unidos “como esa ciudad luminosa sobre una colina”. El Rev. Bill Graham recordó a la nación, durante el servicio de oración realizado en la Catedral Nacional de Washington, sólo unos días después de los ataques: debemos “dejarnos llevar más por la compasión hacia los demás que por el desprecio hacia nuestros enemigos”.

    • rogelio86 dijo:

      Greg, parece que se pusieron de acuerdo Jamar X. Nunez y tú para comentar. A los dos, y a todos los afectados por el 11 de septiembre les deseo que la paz de la luz verdadera, esa que se expresa en compasión y amor, les rebose en su cotidianidad. ¡Abajo las tinieblas! ¡Muerte a la tristeza y el desánimo! Que haya en ustedes rayos de luz tan originales como las hermosas cartacubas.

  2. En el primer aniversario del 11 de septiembre, los reflectores ubicados donde una vez estuvieron las torres gemelas, enviaron rayos de luz hacia los cielos de Nueva York. Esas luces ayudaron a disipar las tinieblas de la tristeza que todavía sentimos. Y esas luces también destacaron la firmeza y la determinación del espíritu estadounidense, el espíritu que –a pesar de todos nuestros defectos y limitaciones como pueblo y como nación– todavía evoca el optimismo, la confianza, la bondad de aquella imagen de Ronald Reagan sobre los Estados Unidos “como esa ciudad luminosa sobre una colina”. El Rev. Bill Graham recordó a la nación, durante el servicio de oración realizado en la Catedral Nacional de Washington, sólo unos días después de los ataques: debemos “dejarnos llevar más por la compasión hacia los demás que por el desprecio hacia nuestros enemigos”.

    • rogelio86 dijo:

      Hay luces que realmente disipan tristezas, casi siempre brotan desde dentro, pero a veces como en aquel aniversario tocan el cielo frente a muchas miradas. La luz llega a gotas, suavemente, en personas que perdieron tanto como esas familias laceradas por asesinos tan hipócritas. Solo el amor verdadero, ese que genera la compasión genuina, hará más llevadera la vida para quienes vieron sus vidas tan destruidas aquel 11 de septiembre. Desde Camagüey llegue a todos un rayo de luz.

  3. Pingback: Rayo de luz | Blogalidad Camagüey

  4. Jose Lopez dijo:

    las tormentas eléctricas definitivamente no me gustan, por más espectáculo que den con sus luces. Me parecen terroríficas, viniendo de mi experiencia, en la adolescencia, como apuntador de un cañón 105mm, cuando estaba en la marina argentina, por un contrato de 5 años. El zumbido que me dura en los oídos es un triste recuerdo que no soporto cuando caen relámpagos tan ruidosos que me llevan a ese tiempo, si no fuera por ello, navegar en mi querido barco fue una experiencia llena de vida.

    • rogelio86 dijo:

      Jose, experiencias como las tuyas son las que más hondo calan en la percepción popular de las tormentas. Casi todos les temen, porque razones sobran para hacerlo. Pero, gracias a Dios, más allá además de esos rayos, hay otros también celestiales como los de ciertas miradas de niños o de enamorados, o aves como las cartacubas que nos dan luz en una ráfaga distinta. Muchas gracias por compartir tus vivencias en A gotas de luz.

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