Negocios con el dolor

negocio dolor billetera vaciaEl martes pasado fue la primera visita al médico de mi madre después de su operación de hemorroides.

En el Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, principal centro de la Salud Pública en la provincia Camagüey, no había taxis por moneda nacional para trasladar a los operados, según afirmó la encargada. En divisas había para escoger, claro, pocos pueden costear esa opción.

¡¿Y para Vertientes?! No, para allá no sale nada”, dijo aquella mujer con el semblante entrenado en tratar con este tipo de dolencias.

¿Oiga, y no se puede resolver nada?”, indagó mi padre. ¡Resolver, esa es la palabra maestra, la clave!

Enseguida los ojos de la señora repararon en el sombrero de paño de mi padre (un regalo de mi tía, de misión en Venezuela), el bolsillo abultado por una billetera menos desprovista de lo que pensó la trabajadora de Salud.

Bueno, miren, aquí hay un taxi petrolero, un Lada viejito que trabaja con los casos de hemodiálisis; de vez en vez se fuga para dar una carrerita, y resolver, usted sabe… Creo que por 150 pesos él podría llevarlos. Si pueden pagarlo apenas llegue yo les aviso”.

Mi papá aceptó la oferta, no si pensar el negocio que aquello representaba para el taxista y para la “cándida” señora, pues un taxi cobra solo 15 pesos por llevar a una persona a Vertientes, ubicado a unos 30 kilómetros al sur de Camagüey.

Pasó casi una hora y el taxi no llegó. Los dolores de mi madre menguaron, y entonces decidieron cambiar de anzuelo: viajarían en máquina, que en Cuba es decir autos viejos como un Chevrolet de 1952 pero, que en manos particulares, se mantienen con más confort que un Lada viejito de servicio hospitalario.

En el carro de la directora de mi trabajo fueron hasta las cercanías de otro hospital, el oncológico, donde funciona la ilegal terminal de máquinas que viajan entre Vertientes y Camagüey.

Por 30 pesos por cada uno media hora más tarde mis padres habían llegado a su destino. Pero no dejaban de sentir el peso de estar sin pesos suficientes en una sociedad donde pesa cada vez más el dinero. No podían evitar sentirse frustrados ante una sociedad a la que han dedicado más de 30 años de trabajo y ahora les paga cobrándole, con desdén, hasta el dolor.

La salud en Cuba es gratis, pero cómo cuesta. ¡Cuba, cómo nos queda por reparar y por germinar!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Con luz propia y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s