¿Qué le importa a un joven cubano el 26 de julio?

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“A la mayoría de la juventud no le interesa el 26 de julio”, le espetó el universitario a una compañera de estudios sentada a su lado en un camión de pasajes. Rápido llegó la réplica. Ella dijo importarle la conmemoración, y que se identificaba con el hecho de que quienes asaltaron el Moncada eran jóvenes.
En otro grupo, esta vez en un preuniversiatario, un estudiante también simpatizó con el legado del 26 de julio y otro la tildó de “atracaó” y reflexionó sobre el verdadero impacto en la vida de los cubanos cuando cada año se celebra la fecha histórica: arreglos de calles, inauguración de algún edificio, reparación de alguna escuela… “¡y ya! ¿Quién se acuerda del 26 de julio por puro patriotismo?”
Polémica como cualquier sociedad, la cubana no cae en unanimidades. No obstante, tal como me comentó una colega, en la juventud cubana persiste el respeto por los mártires y héroes de la Revolución. Y la consideración por las figuras históricas la constaté en las clases de Historia que imparto en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Máximo Gómez Báez”.
Allí los alumnos de décimo grado conocieron más sobre aquellos muchachos corajudos que, casi con la misma edad de ellos, se jugaron la vida por una Cuba mejor. Pero, como en todo proceso educativo, el profe también aprendió cómo palpita el patriotismo en la juventud, cuando se evita la palabrería prefabricada y se comparten aquellas vidas de sacrificio con todos los matices que las tornan admiradas e imitables, lo cual no significa, estemos claros, la adherencia ideológica al socialismo. Esa decisión implica razones que trascienden al vital escenario del pupitre.
Las Lauras, quizás por la Pausini, los Bryan, quizás por el de los Backstreet Boys, los José y las Marías, quizás por los abuelos cristianos, de cada aula, más allá de cualquier influencia familiar o social, se aficionan cada vez más al fútbol, admiran a Melendi y a Shakira, y también respetan a Fidel, a Abel y su hermana Haydée, que soportó ver los ojos de este después de la tortura dentro de una palangana y ni semejante imagen y ni la muerte de su novio, la hicieron flaquear, no delató a nadie.
Actitudes tan arriesgadas como las de aquellos jóvenes se homenajean hasta ahora, cuando el 26 de julio se celebra a través de festejos y la construcción de obras públicas.
Nadie duda que la ejecución de obras ha menguado, creo que entre otros factores, porque hoy en Cuba se habla como nunca antes en la eficiencia y, de manera valiente, el gobierno ha reconocido el fallo en inversiones que no desarrollan la producción de bienes y ha divulgado su interés en revertir semejante situación.
Coincido con la búsqueda de la excelencia, y con que cada territorio debe tener cada vez más independencia económica, pero so pretexto de enfatizar la autarquía, me parece un error el eliminar la emulación por el 26 hace ya un par de años.
Los recursos con que se ayudaba a los de mejores desempeños, se le otorgan hoy a lugares que, lejos de mostrar resultados sobresalientes, presentan deficiencias. Santa Cruz del Sur es el ejemplo de este año en Camagüey.
La errática solución de darle lo poco que tenemos a quien no se destaca significa que se premia la ineficiencia, y ese peligro arrastra consecuencias nefastas como el desánimo de quien sí se esforzó. En fin, rompemos una advertencia hecha hasta por Jesús, “porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mc 4:25).
Todo es perfectible. ¿Quién no lo sabe ?
joven 26 julio
En Cuba y fuera de ella se construye la imagen de que a los jóvenes cubanos les importa un bledo su historia, algunos opinan pagados y/o despegados del suelo natal y desconocen nuestra cambiante realidad, pues como ocurre en cualquier sitio del planeta las ideas aquí se mueven con agilidad aunque no sean tan publicitadas.
Otros, anclados en maneras antiguas de construir el socialismo, critican a las nuevas formas de hacer patria desde una superioridad nada saludable; bien lo dijo el filósofo griego Epitecto: “El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer”.
Mis experiencias, que tampoco son concluyentes, me dibujan un panorama bien variopinto donde la juventud refuerza su patriotismo con discursos nuevos y percibe diferente a sus padres y abuelos los paradigmas de esta isla, que se conmovió para siempre con aquellos asaltantes imberbes que demostraron no solo el valor, sino la sabiduría de defender a su pueblo de la opresión de una tiranía.

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