Seguimos desprotegidos

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Rogelio Serrano Pérez
Desde que publiqué Desprotegidos, donde narraba cómo reaccionaron un grupo de vertientinos por el aumento desmedido y vertiginoso de los precios del transporte, me quedó como espina entre los dedos la deuda de escribir sobre la llevada y traída oferta y demanda en Cuba. Lo hice para mi periódico, pero el comentario no vio la luz.
Así que lo comparto aquí, en este espacio que aún creo mío, hecho para que en las redes crezca la claridad.
En Vertientes, a principios de este año, fue el último municipio donde los transportistas privados elevaron el precio del pasaje en los camiones, que son los medios más empleados por el ciudadano común.
La transportación genera en cada territorio tan agudas polémicas que hubo hasta quien me sugirió no escribir de este tema, como si hubiera algún tabú, como si hubiera que esperar por alguna respuesta oficial del Ministerio de Transporte. Menos mal que no es así. Manos a la obra.
No hay una ley de oferta y demanda, como muchos aseveran, sino un grupo resoluciones emitidas por varios ministerios como el de Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y el de Transporte, que facultan a quienes laboran por cuenta propia.
Y no son de ayer ni de hace un siglo. Las de MTSS datan de los cercanos 2003, 2004 y 2008. Hasta ese entonces se declaraba de manera más implícita la oferta y demanda, no siendo así a partir de la gran apertura del trabajo por cuenta propia del 2010, cuando apareció la Resolución vigente del 2013. En el caso de Transporte no es así. Siempre, incluso en la Resolución 368 del 2011, está clarísimo que la oferta y la demanda rigen el precio de los transportistas particulares.
Estoy de acuerdo con la reordenación laboral del país y con la multiplicación de servicios; pero la oferta y la demanda, que ayuda al desarrollo en buenas condiciones de mercado, lastima en una economía como la nuestra. Los salarios cortos de la mayoría del proletariado son la prueba irrefutable que una medida así afectaría al pueblo.
Debió preverse la compra de medios de transporte por parte del Estado que compitieran con los particulares, o las facilidades para que estos trabajadores adquirieran combustible y piezas a precios asequibles, para influir en los costos de la transportación pública. Lo cierto es que lo peor ha ocurrido: la población está en manos de los privados, y el Gobierno no cuenta con potestad legal alguna para incidir sobre las decisiones de ellos.
Consabidas las penurias económicas es obvio que no se debió legislar maniatando al Estado y desprotegiendo a las mayorías, cuyo salario promedio, en el caso de Camagüey, es de 465 pesos. En definitiva, ¿no es el hombre el objeto del Derecho en nuestro país?
Además, aunque en las disposiciones ministeriales antes del 2010 se disponía la oferta y demanda, ¿cuántos no recuerdan las tarifas de precio en los bicitaxis de 40 centavos por cuadra, y en los camiones de los municipios, que tenían costos diferenciados acordes a la distancia? Eran las facultades del Gobierno lo que permitían tales procederes. ¿Si a los privados les perjudicaba tanto aquellos precios por qué siguieron en ese giro?
Hay que repensar bien la oferta y la demanda, expresión de hondo origen capitalista, para que no nos cause más estragos. Según la teoría económica, en la oferta, si aumenta el precio incrementa la cantidad ofrecida; eso no nos ocurre. En nuestra práctica la oferta, por lo general parca, mantiene a la población casi siempre insatisfecha. No tenemos diversas calidades en los productos ni en los servicios que permitan la lógica diferenciación de precios, por tanto, imponer costos es injusto.
En varias latitudes los gobiernos suelen manipular la oferta y la demanda. Para disminuir el consumo de un bien suben impuestos a productos como el tabaco, y para aumentar la demanda del transporte público, por ejemplo, subvencionan. Hay que saber tomar ideas.
Si el Estado no puede garantizar un transporte público adecuado que intencione con todas su fuerzas la inversión extranjera en ese sector, aunque eso atente contra su protagonismo como capitalista. El bienestar del pueblo humilde es máxima en el socialismo, ¿no es así?
Las ideas revolucionarias siempre son difíciles de aceptar, incluso, y quizás sobre todo, por aquellos que se hacen llamar revolucionarios, pero algún cambio radical debe darse lo más pronto posible.
En lo que llegan los ómnibus, porque sé que estas inversiones no se dan de un día para otro, confío en que en las próximas sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular se les dé potestades a los gobernantes de topar precios. Sé que es una medida tremendista que no conduce al progreso, y que puede generar la corrupción de los controladores del cumplimiento de tal designación. Allí están los precios topados de la carne de cerdo y los granos, risibles para los vendedores, quienes al final venden como les da negocio.
Lo sé: urge un mejor transporte. Pero mientras no llegue, urge proteger al humilde.Desprotegidos

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2 respuestas a Seguimos desprotegidos

  1. Lo mismo sucede si te quieres hospedar en un hotel en Varadero tres o cuatro dias…Deja tranquilo a los cuentapropistas,que por lo menos te ponen comida en el ambiente. Dile a tu Estado, en tu periodico, que sea capaz de producer mas y subir los salaries de sus empleados…

    • rogelio86 dijo:

      No tengo nada en contra de los trabajadores por cuenta propia, lea bien. En mi periódico y en mi blog y donde sea le he dicho a mi Estado que me suba el salario, no me falta coraje para ello, como tampoco cerebro para analizar el porqué no lo hace. Lo que sí me parece muy triste que, ya sea el Estado en un hotel o en un camión de un particular, nos maltraten o exploten. Y por desgracia, para encontrarse injusticias no hace falta un hotel de Varadero, las puedes encontrar en un campismo popular, o en un establecimiento gastronómico estatal donde te vendan un bocadito con poco queso, etc. Gracias por la deferencia, Pablo, y, sobre todo, por la arenga a ser valiente que me da, eso lo aprecio mucho. Ser valiente nunca ha sido cosa de muchos, pero sí algo propio de los periodistas que quieren ser lo mejor posible. Saludos.

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