¡Lo quiero en vivo!

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Sucedió otra vez. Desfiló Chanel en solo dos pequeños párrafos del Juventud Rebelde, y ya. La filmación de Rápido y Furioso fue para los cubanos demasiado rápida, pero menos rápida que furiosa, porque a muchos nos dio rabia que se mentara ligeramente, mientras toda Cuba procuraba pormenores.

Ahora sucede casi a diario: Los de afuera les cuentan a los de afuera y a los de adentro qué es lo que pasa en Cuba, porque la prensa criolla calla o dice a medias. La crisis de la política informativa la amordaza.

Un colega reflexionó sobre los destinos de lo abonado por el emporio Chanel o por la taquillera Rápido y Furioso, que recién filmó en La Habana, la misma ciudad que hoy aparece “conquistada” por “el clan Kardashian”, según proclama a todo tamaño un titular del periódico español El País.

Qué triste las omisiones y coberturas superfluas de trascendentes sucesos de corte social, deportivo o cultural. Algo que aprovechan todos menos los medios estatales, que poseen amplias ventajas de distribución nacional sobre todos los que ahora entran en el ruedo de qué ven los cubanos, de cómo piensan.

Las visitas de José D. Abreu, Alexei Ramírez, Yasiel Puig y Brayan Peña, de Beyoncé, Paris Hilton, Naomi Campbell y de Rihanna son muestras del mutis. ¡Silencio fatal!

Pero a veces unos sí y otros no. Vino William Levy hace dos meses y nadie lo supo. En cambio, todos nos enteramos de Olga Tañón, y por estos días nos salió Usher hasta en la sopa, ¡hasta se casó en La Habana! Claro, esto no lo sacaron por ningún sitio. El Orinoco…

Todo el espacio queda para el Paquete, que sigue conquistando, creciendo, es un fenómeno singular en el orbe.

Seguro que quienes deciden sobre qué y cómo se hace prensa en Cuba creen tener razones de peso para obrar así. Quisiera que me lo dijeran, que lo explicaran al pueblo, si es que acaso estas gentes nos están removiendo el piso, porque ahora mismo veo más peligros en su postura que en la de esta gente rica, con todo y que estuvieran empeñados incluso en derrocar el socialismo. La farándula foránea no tumbará nada. En cambio desploma bastante la decisión de callar ante estos sucesos.

A mí no se me ocurre ninguna razón suficiente para tales manejos, pero les aseguro que ninguna supera el tonelaje de poseer la vanguardia informativa en el corazón del pueblo.

La crisis de la política informativa cubana debe cesar. ¿Cuántos quisieron hace unos días ver el desfile de Chanel? Si todos no pudieron pagar la entrada al reluciente Prado, bien hubieran podido ver algo en sus televisores, o al menos sacar del insólito suceso algo más decoroso que la exigua nota del Juventud Rebelde.

¿Qué utilidad tiene estar de moda mediática? ¿Qué nos deja estos multimillonarios? ¿De qué le sirve al pueblo estas visitas? Nadie explica.

¿Y qué dice la prensa cubana? Nada. Calla.

Y si apena que este tipo de acontecimientos se silencien para las mayorías, preocupa que algo similar ocurra con hechos meramente políticos de marcado interés nacional.

Sí, sucedió otra vez. La cobertura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba estuvo por debajo de las expectativas del pueblo.

En los centros estatales, en escuelas, hospitales, terminales y en puestos de trabajo por cuenta propia estuvieron en vela a las 10:00 a.m. para ver la anunciada clausura, donde la presencia de Fidel trascendió al mundo entero. Pero nada. Tuvimos que verlo todo diferido.

Cubadebate se llenó de comentarios donde se criticaba tal decisión, que lamentablemente no era nueva.

Al regreso de los Cinco medios como Rusia Today o la BBC, que mantenía un servicio de información de minuto a minuto, daban al mundo pormenores del restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba y del regreso de los nuestros. En ese orden lógico. “Hablará Raúl a la 1:00 p.m” era lo único que les decían la televisión nacional, la radio y periódicos como el Granma a los cubanos, que en su mayoría sin conexión a Internet, se enteraban de algo más por Telesur.

En la visita de Obama el Granma sí tuvo un minuto a minuto, vía web, pero en la televisión se perdió la oportunidad de un seguimiento esperado por Cuba. Queríamos ver a Obama dentro de la catedral, pero lo que pusieron fue una gala cultural a las afueras de la iglesia. Queríamos verlo entrar en la paladar San Cristóbal, –adonde recién estuvieron las Kardashian y el rapero Kanye West– pero solo nos enteramos por Internet y por el Paquete; igual pasó con el vídeo filmado en Cuba que arrasó en You Tube de Pańfilo con el presidente norteamericano. De memoria flash en memoria flash nos quedó en el recuerdo no solo de la histórica visita, sino de las oportunidades perdidas por nuestros medios de difusión masiva.

A Fidel los cubanos queríamos verlo en vivo. Ponerlo en vivo, ahora mismo no es solo una decisión técnica acertada, sino política. Acercarlo a los niños no solo es responsabilidad de los docentes de las escuelas primarias y secundarias. Cuba quería ver en vivo a Fidel y no pudo. Queríamos vivir el Congreso del PCC como se viven los hechos trascendentales, ¡en vivo! Y no pudimos. No nos hace falta un Quijote para enmendar estos entuertos, porque no es cuestión de tecnología, ni de bloqueo, ni de transporte… Nos hace falta ¡sentido común! Hay que tomar las riendas de un poder inmenso como el de la prensa para labrar una ideología a tono con la vorágine en que vivimos. Estamos en momentos claves. No se debe seguir exponiendo al pueblo a saciar su sed informativa de otros medios, si los oficiales pueden dar primicias, enfoques más amplios, más cercanos en lenguaje, más acertados en intenciones.

¡Ah!, y no se le debe temer al consumo de otra prensa. ¿Acaso no éramos hace poco un pueblo culto?

En los medios hacemos hincapié en ajustar la agenda pública, los intereses del pueblo, con lo agenda mediática, lo que publicamos. Entonces, ¿por qué perder estos grandes acontecimientos para estar cada vez más cerca del público? Cada día crecen para los cubanos las alternativas a los medios oficiales cubanos. Y aumentan y se cimientan por la necesidades informativas y de ocio no cubiertas.

Sé que junto conmigo muchos repitieron y repiten, más ahora que Cuba está de moda mediática, el título de este comentario: ¡Lo quiero en vivo!

Quizás algunos lo digan con la esperanza de que cuando venga Marc Anthony, a lo mejor acompañado por JLo, no se repita la misma historia de medios muertos: ¡Lo quiero en vivo!

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Banquete

share foodEl hambre era grande y el almuerzo poco.

No muchos dientes se atreven a desafiar a una gallina flaca y huesuda de un comedor laboral, y menos si han pasado horas desde que fue servida.

Yo sabía que a mi amigo (que ese día venía también con su hijo, en plena adolescencia, sobra decir la necesidad de tener la barriga llena a esa edad) aquella carne seca y fría le helaba desde el paladar hasta los tuétanos, pero ante tanto agujero negro en el estómago no se puede andar con medias tintas… ¡A la carga!

Al menos no tendríamos que enfrentarnos a la mortadella, esa sí que lo desarmaba.

El lío es que éramos tres comensales para mi ración. ¡Tres fauces para un plato!

Al rato pensé en Liset. Mi novia tiene una teoría singular sobre la caridad: Si uno comparte con alguien algo que te guste, por ejemplo, comida, acabas sintiéndote bien, y el beneplácito es tal que hasta llegas a sentirte lleno. No creo que nadie me quite el derecho de dudar ante un pensamiento así, ¿verdad?

Pero aquella tarde se pulverizó mi escepticismo.

¿No dice Jesús que dar es mejor que recibir? Y es que dar es recibir. La mano bondadosa siempre tiene más de cinco dedos, porque los amigos suman los suyos; nunca se queda vacía; no se cansa de ofrecer porque no busca pagos a cambio… Sí, dar es recibir.

Al cabo de unos minutos de plática, remembranzas, planes, sueños, penas y risas los tres teníamos rostro de festín. Pero no como si hubiéramos asistido a un banquete de Julio César, lo nuestro fue más al estilo de la última cena. Aquella gallina flaca, el poco de arroz, los chícharos y el dulce de fruta bomba fueron nuestro pan compartido. No tuvimos vino, pero disfrutamos del agua como si fuera más bendita que la del primer milagro.

Liset tenía razón. Conceder sin mezquindad aunque sea con estrechez satisface, llena.

Hoy vino otra vez Milanés. Dejó por unos días La Habana. Llegó otra vez cerca de la hora del almuerzo, no comimos juntos esta vez. Hoy solo vino a traerme, sin saberlo, el recuerdo de aquella hambre mayúscula que apaciguó un almuerzo frugal. Me trajo servida en un plato gigante la inspiración para retomar las gotas de luz.

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En “Fanguito al pecho”…

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Un aguacero basta para que el fango le suba hasta la crisma a cualquiera que se embale un poquito en una bicicleta sin guarda fango.

Chocolate, vavinei, melao… El eufemismo y la ironía ayudan a sobrellevar el fanguero. “¡Ahora sí que está bueno esto!”, dice una señora y le añade sonrisas al rostro, mientras se quita los zapatos y se pone botas para pasar el lodazal.

Oye, tú sí que vienes preparada. Yo voy a tener que hacer lo mismo, porque este año sí que no hay por donde coger”, le comenta una vecina.

¡Lo que zumba el mango que con esta calle siempre es lo mismo, caballerooo! Estamos igual que los animales…”, añade un transeúnte malhumorado por el dibujo que le obsequia el camino a sus tenis blancos.

¿Quién los escucha o tan siquiera los oye? Verlos, nadie los ve. Al parecer los habitantes del reparto La Cubana, en Vertientes, son como invisibles a las autoridades que deben velar por las vías públicas.

Claro, por allí los jefes pasan en carro. Y como van, los pobres, tan preocupados por su apretada agenda no atinan ni siquiera a recoger al primer transeúnte necesitado; cuando dan el aventón, escogen.

Los delegados del Poder Popular, más cercanos a la gente, más parecidos a la gente (andan a pie o en bicicleta) no tienen poder para arreglo alguno.

Ni Viales ni las otras empresas que reparan calles tienen asfalto para una nimiedad como esta: cientos de personas fangueando a diario.

Acueducto y Alcantarillado, cuya sede se ubica frente al fanguero de la foto, no tiene recursos ni iniciativa para arreglar la calle.

Pero la sordera en Vertientes no es una nueva.

A finales de 2013 el Adelante, órgano oficial del Partido en Camagüey, publicó La ducha que aún no llega al plato. El reportaje describía cómo los trabajadores de una cooperativa habían tenido que echarle mermelada de guayaba a los cerdos porque las ineficiencias en el comercio impidieron alimentar a las personas. Y advertía que esto, y cualquier otra desgracia similar, podía volver a ocurrir de persistir las dificultades en la comercialización, pues se hacía inversiones en el riego para las plantaciones, que conllevaría al aumento de la producción. Mango perdido, plátanos demorados en el almacén, y otras fatalidades han continuado.

A mediados del 2014 el mismo periódico sacó El bloqueo de “La Bloquera”, allí se explicaba cómo en el municipio habían perdido una instalación capaz de darle al pueblo 15 viviendas cada mes. La planta en buen estado, el personal capacitado, la demanda asegurada… Todo listo para funcionar, y nada.

En enero del 2015 Marcas de un mercado prevenía a las autoridades que en época de lluvias el mercado, recién inaugurado, se llenaría de fango si no concluían la obra, estrenada sin concluir la pavimentación, y el baño sanitario y el abasto de agua para los trabajadores, quienes acometieron a toda carrera “la tarea”, mientras los representantes del Estado prometieron lo que aún no han cumplido.

En fin, “Fanguito al pecho” es un lugar al medio sur de Camagüey donde los jefes no demuestran respeto por la prensa oficial ni amor por el pueblo, que sigue día tras día, entre sonrisas y ceños fruncidos, buscando la mejor manera de no enfangarse los pies y el alma.

Y yo, mientras escogía bien mis pasos entre los baches y el fango de esta calle y pensaba cómo devolverle el color y la higiene a mis zapatos, me preguntaba: ¿Cuántos cubanos como yo tendrán también su “Fanguito al pecho”?

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Seguimos desprotegidos

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Rogelio Serrano Pérez
Desde que publiqué Desprotegidos, donde narraba cómo reaccionaron un grupo de vertientinos por el aumento desmedido y vertiginoso de los precios del transporte, me quedó como espina entre los dedos la deuda de escribir sobre la llevada y traída oferta y demanda en Cuba. Lo hice para mi periódico, pero el comentario no vio la luz.
Así que lo comparto aquí, en este espacio que aún creo mío, hecho para que en las redes crezca la claridad.
En Vertientes, a principios de este año, fue el último municipio donde los transportistas privados elevaron el precio del pasaje en los camiones, que son los medios más empleados por el ciudadano común.
La transportación genera en cada territorio tan agudas polémicas que hubo hasta quien me sugirió no escribir de este tema, como si hubiera algún tabú, como si hubiera que esperar por alguna respuesta oficial del Ministerio de Transporte. Menos mal que no es así. Manos a la obra.
No hay una ley de oferta y demanda, como muchos aseveran, sino un grupo resoluciones emitidas por varios ministerios como el de Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y el de Transporte, que facultan a quienes laboran por cuenta propia.
Y no son de ayer ni de hace un siglo. Las de MTSS datan de los cercanos 2003, 2004 y 2008. Hasta ese entonces se declaraba de manera más implícita la oferta y demanda, no siendo así a partir de la gran apertura del trabajo por cuenta propia del 2010, cuando apareció la Resolución vigente del 2013. En el caso de Transporte no es así. Siempre, incluso en la Resolución 368 del 2011, está clarísimo que la oferta y la demanda rigen el precio de los transportistas particulares.
Estoy de acuerdo con la reordenación laboral del país y con la multiplicación de servicios; pero la oferta y la demanda, que ayuda al desarrollo en buenas condiciones de mercado, lastima en una economía como la nuestra. Los salarios cortos de la mayoría del proletariado son la prueba irrefutable que una medida así afectaría al pueblo.
Debió preverse la compra de medios de transporte por parte del Estado que compitieran con los particulares, o las facilidades para que estos trabajadores adquirieran combustible y piezas a precios asequibles, para influir en los costos de la transportación pública. Lo cierto es que lo peor ha ocurrido: la población está en manos de los privados, y el Gobierno no cuenta con potestad legal alguna para incidir sobre las decisiones de ellos.
Consabidas las penurias económicas es obvio que no se debió legislar maniatando al Estado y desprotegiendo a las mayorías, cuyo salario promedio, en el caso de Camagüey, es de 465 pesos. En definitiva, ¿no es el hombre el objeto del Derecho en nuestro país?
Además, aunque en las disposiciones ministeriales antes del 2010 se disponía la oferta y demanda, ¿cuántos no recuerdan las tarifas de precio en los bicitaxis de 40 centavos por cuadra, y en los camiones de los municipios, que tenían costos diferenciados acordes a la distancia? Eran las facultades del Gobierno lo que permitían tales procederes. ¿Si a los privados les perjudicaba tanto aquellos precios por qué siguieron en ese giro?
Hay que repensar bien la oferta y la demanda, expresión de hondo origen capitalista, para que no nos cause más estragos. Según la teoría económica, en la oferta, si aumenta el precio incrementa la cantidad ofrecida; eso no nos ocurre. En nuestra práctica la oferta, por lo general parca, mantiene a la población casi siempre insatisfecha. No tenemos diversas calidades en los productos ni en los servicios que permitan la lógica diferenciación de precios, por tanto, imponer costos es injusto.
En varias latitudes los gobiernos suelen manipular la oferta y la demanda. Para disminuir el consumo de un bien suben impuestos a productos como el tabaco, y para aumentar la demanda del transporte público, por ejemplo, subvencionan. Hay que saber tomar ideas.
Si el Estado no puede garantizar un transporte público adecuado que intencione con todas su fuerzas la inversión extranjera en ese sector, aunque eso atente contra su protagonismo como capitalista. El bienestar del pueblo humilde es máxima en el socialismo, ¿no es así?
Las ideas revolucionarias siempre son difíciles de aceptar, incluso, y quizás sobre todo, por aquellos que se hacen llamar revolucionarios, pero algún cambio radical debe darse lo más pronto posible.
En lo que llegan los ómnibus, porque sé que estas inversiones no se dan de un día para otro, confío en que en las próximas sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular se les dé potestades a los gobernantes de topar precios. Sé que es una medida tremendista que no conduce al progreso, y que puede generar la corrupción de los controladores del cumplimiento de tal designación. Allí están los precios topados de la carne de cerdo y los granos, risibles para los vendedores, quienes al final venden como les da negocio.
Lo sé: urge un mejor transporte. Pero mientras no llegue, urge proteger al humilde.Desprotegidos

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